Lo uno y lo Diverso

Lo uno y lo Diverso
Foto de Sebastiäo Salgado

lunes, 26 de abril de 2010

La libertad es el camino

Este Salón constituye una expresión paradigmática de la diversidad y trayectorias que caracterizan la expresión plástica sobre papel en nuestro país. Con su organización se intenta estimular la investigación en esta especialidad y crear un espacio abierto a las distintas disciplinas de las artes visuales que utilizan este material como soporte o protagonista. Igualmente, proporcionar continuidad y materialidad al proyecto de investigación “Discurso plástico. Gramática y lógicas de arte sobre papel” desarrollado a todo lo largo del año 2009.

Su propósito general consiste en analizar las propuestas plásticas que utilizan el papel en su doble condición de vehículo de expresión y como objeto de un determinado “juego de lenguajes”. Este último concepto remite a un horizonte teórico dentro del cual las artes plásticas pueden ser concebidas como un sistema de signos. En este sentido, se espera incitar esta vertiente de indagación con la finalidad de iniciar una comprensión de los presupuestos estéticos que informan esta área del discurso plástico.
El papel como base de la obra plástica puede utilizarse de diversas formas. Por ejemplo, puede constituir el soporte sobre el cual se construye la propuesta estética. En este caso materiales tradicionales o no tradicionales interactúan y, en el marco de esta dinámica, el papel no ejerce el rol protagónico. En otra opción, este material puede constituir el punto de partida y de llegada de la propuesta estética. En este escenario el papel deja expuesta su condición intrínseca; bueno es subrayar que las reglas gramaticales operan de manera diferente en ambas situaciones.
El Salón se propone, igualmente, indagar en torno a las relaciones que se instituyen entre lo uno y lo diverso al interior de este discurso plástico; preocupación ésta que se inscribe en una indagación más general referida a la relación que se establecen entre la categorías de lo universal y particular. Esta búsqueda, por decirlo de alguna manera, ha “angustiado” a las llamadas ciencias del hombre a lo largo de su desarrollo; y desde luego, esta desazón ha tenido repercusiones prácticas en los ordenes cultural y político. Véase por ejemplo, las pretensiones universalistas de frases como “el fin de la historia” o los “guetos” particularistas que ofertan las fantasías de carácter étnico. Igualmente, en el campo de la investigación historiográfica de arte académica esta dicotomía se ha balanceado en torno a dos paradigmas. Por un lado, se encuentra aquel que aprecia un contenido universal en la propuesta estética y, por el otro, el que se asienta en la reivindicación de nuestra particularidad latinoamericana.

En este sentido parece legítimo formular diversas interrogantes con el propósito de explorar esta relación entre lo universal y lo particular. Tres opciones son posibles distinguir: exclusión, tensión y complementariedad. Traducidas al ámbito de esta reflexión podrían incitar ciertas preguntas. Por ejemplo, ¿es plausible formular una teoría unificada del arte? De ser así, ¿existe un punto de llegada definitivo en el lenguaje plástico? o, por el contrario, ¿es la incertidumbre y la hibridación las que proporcionan sentido sustantivo a este lenguaje? En otras palabras, ¿bajo que circunstancias una propuesta estética puede alcanzar una posición hegemónica en este ámbito?
En términos generales las respuestas a estas interrogantes se han deslizado a lo largo de tres líneas gruesas de reflexión. Primero, encontramos una tradición histórica que despeja estas incógnitas a partir de especulaciones antropológicas externas al discurso plástico. Su núcleo medular se ubica en una línea de pensamiento que hace de la búsqueda de la “identidad” el objeto central de sus preocupaciones estéticas y, desde luego, la reivindicación de nuestra particularidad latinoamericana. En otro polo, podemos ubicar una práctica discursiva que intenta comprender la gramática de la expresión plástica con prescindencia de variables extra discursivas. En este caso, lo fundamental reside en el sesgo único y universal de la propuesta estética. Finalmente, una tercera forma de reflexión que apunta a señalar la pertenencia simultanea a diversas estructuras discursivas o lenguajes plásticos. La singularidad de esta “narrativa” reside en su reorganización del “tiempo” que permite asumir con desenfado, por un lado, el metarrelato que predica la idea de una modernidad avasallante y, por el otro, articular en forma inédita diversos y contradictorios “pasados”. Estas tres tendencias han ocupado espacios en la historia plástica del país.
El Salón se inscribe en este último recorrido reflexivo. Su contenido desborda lo polos paradigmáticos que han caracterizado históricamente el discurso plástico en el país. Su punto de partida reposa sobre la idea que concibe la creación como un transito permanente a través de diversos paisajes culturales. Esta peregrinación permite entrelazar múltiples formatos de expresión y comunicación. Los de llegada, ciertamente, no constituyen los territorios básicos. El discurso plástico, en consecuencia, debe focalizarse en materializar las trayectorias que eventualmente conducirán a puntos de encuentros e hibridación.
Ejemplo, la obra de Víctor Hugo Irazabal que yuxtapone distintas técnicas: mixto, digital, carboncillo y tinta china. Este “juego de lenguajes” y el tratamiento tridimensional del soporte genera una unidad pictórica. Por su parte, Arturo Correa, traza una trayectoria en sentido opuesto: a partir de una técnica pictórica, produce un efecto gráfico. Anaximenes Vera utilizando herramientas informáticas, mezcla fotografías de materia vegetal, creando una obra de sesgo pictórico. Solange Salazar y Francisco Martín expresan en sus obras esta hibridación de técnicas y lenguajes.
Igualmente, esta heterogeneidad se encuentra presente en propuestas como “Fragmento del Maco Maco” de Mauro Nascimbeni; “Tendiendo Puentes” de Isabel Cisneros; “Humano-animal” de Andreína Rodríguez; “No intervención”, fotografía de Hayfer Brea.
Esta muestra en su totalidad constituye un esfuerzo para conjugar lo uno y lo diverso. Giros hacia distintas direcciones. Trayectorias que enuncian el continuo movimiento de este lenguaje plástico y expresan con contundencia que la libertad es el camino.

domingo, 25 de abril de 2010

19 de Abril de 1810

Las celebraciones históricas no escapan del maniqueísmo que caracteriza la vida pública del país. Tenemos visiones encontradas sobre el 19 de Abril de 1810. La Gubernamental, por ejemplo, confina su interpretación al “regocijo de las estatuas y los laureles bélicos”. La historial oficial, por su lado, enfatiza la supuesta continuidad de aquel suceso con la actual coyuntura histórica y, en consecuencia, postula la necesidad de “completar lo que se hizo hace 200 años”. Otra vertiente explicativa señala que esta acción, llevada a cabo por mantuanos caraqueños de la Capitanía General de Venezuela, tuvo como objetivo la toma del poder para preservar la estructura social colonial en tiempos de fuerte inestabilidad. En otras palabras, de acuerdo a esta interpretación, más que una gran acción patriota, emancipadora o autonomista; fue resultado de un cálculo “clasista” basado en el “miedo a la revolución” popular, tal como lo ha señalado el historiador español Miguel Izard en su libro El miedo a la Revolución. La lucha por la libertad en Venezuela 1777-1830. Autores como Germán Carrera Damas y John Lynch se pasean por esta veta interpretativa. Este último otorga gran importancia a las tensiones de la élite blanca frente a las grandes mayorías mestizas y el temor que éstas exterminaran a los criollos tal como ocurrió en Haití.

Distintas versiones sobre el mismo hecho histórico no debe sorprendernos. Es usual que esta fecha sea susceptible de interpretaciones polémicas y que éstas se modifiquen con el transcurso del tiempo. Lo importante, a mi juicio, sería rescatar de este acontecimiento un significado susceptible de ser compartido por todos los venezolanos y, en consecuencia, fundamento para el diseño de un nuevo horizonte político para el país.

En este orden de ideas debemos enfatizar el carácter civil (Manuel Caballero) y autonómico de esta gesta. El 19 de Abril de 1810 fue un acto llevado a cabo por civiles criollos en busca de autonomía política. Y en este sentido, este autonomismo civilista constituye el rasgo a resaltar en el marco de esta celebración. En la Venezuela actual, la búsqueda de autonomías políticas tendría como antecedente histórico la conformación de estas juntas que se declararon leales a Fernando VII, pero establecían un gobierno propio. Buen punto de partida para la reflexión y práctica política que se proponga profundizar el carácter federal y descentralizador que establece nuestra Constitución.

Sin lugar a dudas, a partir de esta fecha iniciamos un proceso que cambio el paisaje político de América e iniciamos nuestra apertura hacia el mundo. En palabras del historiador Elías Pino Iturrieta “creamos mapas de repúblicas que cambiaron la historia universal”.

“La confusión ilumina, la claridad mata”

“La confusión ilumina, la claridad mata”. Con esta afirmación encabeza Vicente Verdú un artículo (El país 3 de Marzo, 2010) donde reflexiona en torno a los fundamentos morales que soporta la conducta de los “iluminados”. Como pretexto para su elaboración utiliza la biografía escrita por Artur Domoslawski (Kapúscinski non fiction, 2010) “que, tras nueve años de aprendizaje, cercanía y lealtad respecto al genio, pone ahora en duda la moralidad de su maestro y la autenticidad de algunos textos que le hicieron ser reconocido nada menos que como "el reportero del siglo XX".

Verdú, en su defensa de Kapuscinski, enfrenta a todo maniqueísmo que pretenda dividir la realidad en polos infranqueables y únicos. Por el contrario, el articulista apuesta por la diversidad y su irreducible complicación. “Se trata de mostrar, en suma, la complejidad de la condición humana y la burda simplificación, propia del mecanicismo decimonónico, que separa una pieza de otra pieza, un sujeto de un objeto o un amor propio de un sincero amor por los demás”. Acertadamente, Vicente Verdú resalta lo inapropiado de juzgar la condición humana en términos de bien y mal: “Todo acercamiento de este estilo termina, como sería fácil de esperar, cayéndose por su propio peso”.
Rayszard Kapúscinki (1932-2007) trajino diversos territorios del quehacer intelectual. A lo largo de su vida ejerció como periodista, historiador, escritor, ensayista y poeta. Los espejismos de la globalización, el peso de la televisión en la cultura de masas, el desorden mundial tras la extinción de la Unión Soviética, la omnipotencia del dinero y los demonios del nacionalismo fueron algunos de los ejes en torno a los cuales giro su reflexión como periodista sabueso, ensayista lúcido y, sobre todo, buen hombre. Fue distinguido con el título de Periodista del Siglo y en 2003 recibió el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades
“Si entre muchas verdades eliges una sola y la persigues ciegamente, ella se convertirá en falsedad y tú, en un fanático”. Militante de la alteridad; siempre en guardia para enfrentar cualquier forma de pensamiento único.