Lo uno y lo Diverso

Lo uno y lo Diverso
Foto de Sebastiäo Salgado

lunes, 26 de octubre de 2009

CHAVEZ Y LA LIBERTAD DE LOS ANTIGUOS

Nelson Acosta Espinoza
Chávez reconoció su error y derogo la polémica Ley Nacional de Inteligencia y Contrainteligencia. Este texto será transferido a la Asamblea Nacional y, probablemente, servirá de insumo para la elaboración de un proyecto que permitirá coordinar a los servicios de inteligencia.

Es encomiable este espíritu de enmienda expresado por la más alta esfera del poder gubernamental. Es de esperar, entonces, que La Comisión de Política Interior convoque a su seno a diversos especialistas para que tomen este toro por sus cachos y claven la estocada mortal en lo sustantivo del problema, vale decir, el concepto de libertad sobre el cual se deberá construir esa armazón jurídica que pretende proteger la denominada “razón de Estado”.

El sesgo estratégico del tema hace obligante incentivar el debate. El argumento de fondo, sin lugar duda, es el concepto de libertad sobre el cual se soportará esta iniciativa jurídica. Su construcción tendría que reflejar una de las distintas acepciones que implica este concepto filosófico. Desde luego, son diversas y apuntan a significados distintos. En este orden de ideas, las expuestas por Benjamín Constant y, en especial, por Isaiah Berlin constituyen un excelente punto de partida para iniciar la discusión sobre este tema capital.

Recordemos que este profesor de la Universidad de Oxford, criado en Riga y Petrogrado, distinguía dos tipos de libertades: la negativa y la positiva. La primera la entendía como libertad de: libertad de interferencia en asuntos personales, que implica la limitación del poder del estado dentro de un fuerte marco legal. Como lo sintetiza un conocido académico, el propósito esencial de la comunidad política liberal es crear las circunstancias públicas en las que se deja solos a los hombres para que hagan lo que quieran, siempre que sus acciones no interfieran con la libertad de los demás. La segunda, por otra parte, era libertad para: libertad para poner en práctica algún bien mayor en la historia. En el centro de los proyectos fascistas y comunista, advirtió Berlin, había una determinación de usar el poder político para liberar a los seres humanos, les gustara o no, con el objetivo de realizar algún fin histórico superior. Esta determinación, concluía Berlin, inevitablemente conducía a la represión.

Esta determinación autoritaria y represiva, de la cual nos habla Berlin, se encontraba expresada en diversos artículos de la Ley derogada. Por ejemplo, esta legislación promovía la creación de sistemas de informantes; otorgaba amplio poder discrecional al gobierno para invadir la privacidad de los ciudadanos, grabar conversaciones telefónicas, filmar movimientos, actividades o personas sospechosas de operar contra la seguridad nacional. Igualmente, confería a los organismos de seguridad la capacidad de “anticipar” delitos y detener los responsables que atenten contra la estabilidad y la soberanía del país, entre otros.

Desde luego, lo arriba descrito, constituyen ilustraciones grotescas de una política. Bueno es resaltarlo, esta estrategia no ha sido aún derrotada. Es indispensable, entonces, profundizar el debate sobre este tema. Quizá sea pertinente recordar que esta diferencia entre espacio público y privado (éste debería ser el corazón del debate) ha sido producto de luchas históricas. La conservación y protección de este último ha sido fruto de un largo proceso no ajeno a altas dosis de disputa política. Su constitución, en consecuencia, permitió el florecimiento de las libertades políticas En otras palabras no sería posible concebir esta libertad sin independencia individual.

Debatir es imperante. No olvidemos que en el fondo nos estamos jugamos el “cemento mismo sobre el que se ha construido la libertad de los modernos”

Chávez, sin duda, apuesta por la de los antiguos

“Un golpe de dados, no abolirá el azar”

Nelson Acosta Espinoza
El 11 de Octubre de 1974 el llamado “grupo de Sevilla”, en el marco de la celebración de XXVI congreso del PSOE, inicia una corta y victoriosa marcha hacia la reinvención de la política. Felipe González y Alfonso Guerra derrotan la arcaica concepción marxista que representaba la vieja guardia del partido. Estos jóvenes catapultan un proceso que los llevará a complementar armónicamente las dimensiones de socialismo y democracia. En un breve lapso alcanzan el poder y empujan a España hacia una nueva modernidad plural, descentralizada, europea y democrática.

Este grupo comprendió que aquella coyuntura, signada por la revolución de los claveles en Portugal en ese mismo año y la decrepitud del Caudillo Franco, era el momento de la política. En otras palabras, por encima de cualquier otra consideración, lo importante era dar una vuelta de tuerca a las formas tradicionales de ejercitar el arte de proporcionar forma a la pluralidad y convivencia entre los españoles. Esta percepción de su tiempo histórico permitió la construcción del dispositivo democrático que aún perdura en España.

Nuestro país vive una situación análoga. ¿En qué sentido? Veamos. En primer lugar, estamos en presencia de un doble agotamiento: la del socialismo del siglo XXI y las tradicionales maneras de concebir lo político y la política. En cierto sentido, la extenuación de la primera dimensión, exhausta la segunda. Esta circunstancia permite calificar como excepcional a esta coyuntura. En segundo lugar, se hace plausible la reinvención de este ejercicio y la cancelación de los personalismos generados en el contexto del discurso de la anti política. En otras palabras, hoy es posible exilar de esta actividad las viejas maneras y dotarla de la dignidad y credibilidad que merece esta práctica colectiva.

Ahora bien, ¿cuál debe ser el sujeto sobre el cual recaiga el peso de esta actividad? Indudablemente que la repuesta apunta hacia los ciudadanos organizados: ONG, vecinos, asociaciones de padres y representantes, sindicatos, federaciones, estudiantes, industriales, en fin, toda agrupación que se encuentre cobijada bajo el concepto de sociedad civil. Desde luego y, en correspondencia con la hipótesis inicial, los partidos políticos. Vale decir, la conjunción armoniosa de lo civil con lo político. Recordemos que la ruptura de esta relación, el desprestigio de las agrupaciones políticas y una crisis fiscal fueron los ingredientes que alimentaron la tentación personalista y anti democrática que actualmente padecemos.

Para retomar esta conjunción se haría indispensable asumir componentes significativos de nuestra cultura democrática. Recuperar los elementos reveladores de ese imaginario colectivo. La política, no lo olvidemos, se encuentra relacionada con la lucha por establecer las convicciones y sentidos que impregnan las prácticas sociales. La visión socialista que se intenta imponer carece de referencia dentro del conjunto de imágenes colectivas que sustentan la cultura democrática venezolana; de ahí su inviabilidad discursiva.

La eficacia política de los valores democráticos depende, en consecuencia, de la correspondencia que éstos tengan con la participación ciudadana en el marco de un nuevo proyecto de país. Por esta razón señalamos que éste es el momento de la política y de las agrupaciones que la expresan en forma plena: los partidos políticos. Desde luego, estos colectivos deberán reinventarse en un doble sentido, por un lado, revocar su presente y, por el otro, delinear una nueva oferta política para el país. Operación, insistimos, que deberá conjugarse en un solo movimiento. De lo contrario, corren el riego que estas energías se disuelvan y agreguen valor a la anarquía del significado que prevalece en la actualidad.

Retomando la idea inicial de este breve artículo, surgen diversas interrogantes, por ejemplo, ¿existe en nuestra actualidad política un “grupo de Sevilla”? ¿Se posee la voluntad para producir la vuelta de tuerca que aleje la práctica política de sus formas tradicionales? ¿Será factible hacer reposar en nuestro imaginario democrático una visión liberal de la política? No lo sabemos, aún. Sin embargo, lo que si conocemos, a ciencia cierta, siguiendo Rimbaud que “un golpe de dados, no abolirá el azar”

CAPITALISMO, PETROESTADO E INDIVIDUALISMO

Nelson Acosta Espinoza
La argumentación ha sido escabrosa. Para el relato político democrático estos temas han resultado delicados, embarazosos; en fin, difíciles de asumir. Tópicos como economía de mercado, capitalismo e individualismo se encuentran ausentes en la reflexión y práctica de los actores colectivos del país. Su razonamiento y aristas políticas se dejan para que sean abordadas en los recintos académicos y foros de intelectuales.

Diversas razones se conjugan para explicar esta circunstancia. Por un lado, históricamente este liderazgo ha cabalgado sobre ideas de sesgo socialistas. De hecho, casi la totalidad de los partidos políticos en el país han asumido posturas de este tenor. Desde luego, en el marco de esta militancia, los grados de convicción son disímiles. El PSUV, por ejemplo, gravita en un polo de socialismo dieciochesco; el MAS, por el contrario, ha intentado formular una vía socialista democrática, al estilo europeo. Acción Democrática, por su parte, se percibe como social demócrata; la democracia cristiana sufre una crisis de identidad que la lleva a denominarse partido popular, sin abandonar su vocación socialista y cristiana. Las otras agrupaciones políticas, navegan en este mar donde el estatismo y asistencialismo constituyen sus marcas predominantes.

Paradójicamente, a pesar de esta unanimidad y la presencia de un gobierno que se declara socialista, tan sólo el 1.6% del PIB es causado por formas de relación económicas no capitalista. Este contrasentido con sentido abrumó con su lógica a los intelectuales que debatieron este tema recientemente en la sede del Centro Internacional Miranda.

¿Cómo explicar esta contrariedad? Veamos. En un extremo, se encuentra un estado que se proclama socialista, un liderazgo oficialista y de oposición que comparte, en diversos grados esta visión y, en el otro, estamos en presencia de una cultura compenetrada con valores asociados a la economía de mercado y al concepto de libertad coligado al libre ejercicio de iniciativas individuales y empresariales.

El primer polo de esta ecuación se encuentra relacionado con la abrumadora presencia del petróleo en la economía venezolana y la “urgencia” de apropiarse de la renta que procede de la explotación de este mineral. En consecuencia, el núcleo de esta contrariedad se ubica, por un lado, en la presencia de un estado que socializa esta renta y, por el otro, en la circunstancia que ésta se deriva de una actividad económica de neto corte capitalista. Esta dualidad “perversa” cuenta a la hora de explicar las dificultades que hemos venido confrontando a lo largo de la última década. Tener presenta esta característica es vital en el campo de la lucha política.
PETROESTADO
Esta singularidad es compartida con otras sociedades que se organizan en torno a la extracción de un recurso natural. En el caso de Venezuela, la explotación petrolera permitió magnificar la importancia del estado en relación con el resto de la sociedad. Esta gramática política ha alimentado lógicas socializantes: distribuir la renta y asistir a la población. La casi totalidad de los actores políticos cabalgan sobre estas ideas; existen diferencias, desde luego, pero sus distancias son de grado y énfasis.

Esta cultura rentista ha prevalecido en las instituciones estatales. Desde este dispositivo se ha desarrollado un sistema de valores que ha respondido a las necesidades de la sociedad política en Venezuela. Petróleo y nación se confunden y se han intercambiado de acuerdo a circunstancias de orden histórico. Nacionalismo y anti imperialismo coexisten en una danza armónica con agricultura de puertos y consumo abastecido a través de ingentes importaciones. Esta contradicción reposa sobre dos circunstancias que no han variado a lo largo del siglo pasado hasta el presente: renta petrolera y sobre valoración de nuestro signo monetario.

En paralelo se ha desarrollado una trama cultural que apela a un falso igualitarismo colectivo. En concordancia con esta interpelación se ensalza una idea de pueblo que no se corresponde con los sujetos reales que hacen vida en las comunidades urbanas del país. El “Juan Bimba” que espera pasivamente la asistencia del estado ha comenzado a ser desplazado por individuos y colectivos que ven en su esfuerzo propio la salida a su situación de pobreza. Un nuevo individualismo de carácter colectivo ha comenzado a revelarse

INDIVIDUALIZACION
¿Cómo caracterizar este individualismo en ciernes? ¿Viene aparejada su construcción por procesos culturales que refuerzan los procesos de individualización? ¿Qué relación se establece entre las identidades individuales y las colectivas? Las respuestas a estas interrogantes son complejas y apuntan a temas teóricos y prácticos. Me parece que lo medular es resaltar que las colectivas tienden a dar paso a identidades fragmentadas que se corresponden con nuevos patrones de conducta y pensamiento cultural. La idea de “pueblo” comienza a ser sustituida por la de ciudadanos; por sujetos individuales que se desapegan de los viejos relatos inclusivos y tienden a desarrollar relatos culturales múltiples y simultáneos que favorecen la construcción de nuevas identidades. Este flujo discursivo estimula una nueva reconfiguración del espacio cultural y político. Realidad ésta que provoca perplejidad en los actores políticos tradicionales.

¿Cómo podemos conceptuar, entonces, este fenómeno de la individualización? En forma breve este concepto puede definirse como el proceso de acuerdo el cual la biografía normal se convierte en biografía elegida. En otras palabras, la biografía del individuo se desliga de los modelos y las seguridades tradicionales; de los controles ajenos y de las leyes morales generales. Las posibilidades de vida “inasibles a las decisiones disminuye, y las partes de la biografía abiertas a la decisión y a la autoconstrucción aumentan”. Esta apertura, sin lugar a dudas, ofrece un campo propicio para ensayar nuevas propuestas políticas. Desde luego, estas ofertas para ser exitosas deberán transformar a este destinatario en interlocutor. Aquí se ubica, a mi juicio, el horizonte estratégico donde se puede inscribir una nueva forma de asumir la práctica política y la democracia.
LO QUE ESTA EN JUEGO
En otras palabras, lo que está en juego, no es la simple sustitución de un liderazgo por otro. La médula del asunto reside en la formulación e implantación de un nuevo dispositivo político y cultural que sustituya el que ha estado vigente a lo largo del siglo pasado hasta el presente. El asistencialismo y estatismo deben ser derrotados. Sólo así se podrá colocar las instituciones estatales en sintonía con lo que efectivamente sucede en el abigarrado mundo de lo real existente. Recordemos que nuevas identidades comienzan a reconfigurar el espacio social y colectivo.


La tarea para un nuevo liderazgo es sencilla y compleja a la vez: transformar este dilema en sentido común y construir una nueva hegemonía que permita reconciliar a la sociedad política con la sociedad civil. En fin, ensayar inéditas formas de disfrutar, resistir, golpear y construir formas de vida.

Autocomplacencia discursiva y economicismo catastrófico.

Nelson Acosta Espinoza
Sin duda. El presidente Chávez goza de una amplia aceptación entre la población del país. Sin embargo esta conformidad generalizada es paradójica. Contrasta con lo errado de sus políticas públicas y la calamitosa situación que debemos enfrentar a diario los venezolanos. En ruina, por ejemplo, se encuentran los pilares sobre los cuales se sostiene nuestra calidad de vida. La educación y salud pública en el suelo. Padecemos los índices de inseguridad más alto de nuestra historia; inflación, corrupción rampante, achicamiento del espacio público y desmoronamiento institucional. A pesar de este sombrío escenario su figura goza, aún, de una popularidad apreciable y la oposición, desafortunadamente, no termina de sobrepasar el cerco discursivo que le ha impuesto este adversario.

Esta paradoja trae a colación una de las preguntas clave de la filosofía política: ¿porque los hombres combaten por su sometimiento como si se tratara de su bienestar? En otros términos, ¿qué circunstancia explica el éxito discursivo del presidente y el fracaso comunicativo de la oposición? ¿Sobre cuál condición descansa la veracidad o indiferencia que suscitan ambos relatos?

Dar respuestas a estas interrogantes es harto complejo e implica adentrarse en las contribuciones que han aportado a la comprensión de la política las ciencias llamadas del “lenguaje”. Sin embargo, intentaremos esbozar una línea de argumentación que podría ayudar a despejar estas incógnitas y aportar claves que faciliten el conocimiento de la dinámica cultural que caracteriza esta coyuntura política.

Sabemos que el menoscabo de las denominadas condiciones objetivas por si solas no da cuenta del quiebre de este liderazgo. Es inútil, en consecuencia, esperar que este deterioro produzca el relevo político ansiado. En este sentido, lo sensato sería orientar esta búsqueda hacia otra dirección. Explorar, por ejemplo, el plano del lenguaje. Esta disciplina enseña que la eficacia de una narración política radica en elevar el destinatario al mismo nivel de autoridad que el destinador del discurso. Esta circunstancia produce una identidad e intercambio de posiciones donde el destinador puede ser el destinatario, o el destinatario puede ocupar la posición del destinador. Ilustra esta situación aquellas coyunturas donde “pueblo” y “partido” se han evocado mutuamente. En sus inicios políticos, por ejemplo, los relatos de Acción Democrática y el Movimiento Bolivariano alcanzaron este nivel de virtualidad discursiva.

La oposición no ha ejercitado esta gramática. Antes por el contrario, su ejercicio político ha tendido a gravitar entre una autocomplacencia discursiva y un economicismo catastrófico. En otras palabras, ha orientado su propuesta hacia los sectores medios y depositado su esperanza política en la inviabilidad económica del proyecto socialista. No ha podido inscribir su práctica al interior de la compleja trama discursiva democrática. Quizás esta circunstancia explique la dificultad que experimenta en transformar al destinatario de su discurso en interlocutor. En cierto sentido, ha sido victima de la añagaza chavista: jugar el papel del “otro” en la dinámica de polarización que caracteriza el ámbito político en la actualidad.

En fin, es imprescindible la elaboración de un discurso que recupere nuestro pasado democrático y lo coloque como fundamento de la construcción del por venir.

No confundir sometimiento con bienestar y primarias con democracia

Estado Manqué

Nelson Acosta Espinoza
Este término fue acuñado por el antropólogo estadounidense Clifford Geertz (1926-2006). Con esta expresión, este distinguido intelectual, intentaba describir la coyuntura política que atravesaba Indonesia a mediados del siglo pasado. Distintas mentalidades se enfrentaban en el ámbito de lo político. Misticismo javanés, pragmatismo de Sumatra, sincretismo índico, fundamentalismo islámico se barajaban produciendo una suerte de anarquía política del significado. Esta circunstancia imposibilitaba la obtención de una cierta simetría entre cultura y política, lo que impedía la edificación de una estructura institucional aceptadas por todos los grupos en conflicto.

En clave antropológica la pregunta a formular es relativamente sencilla ¿practican los pueblos la política que imaginan? Bueno, el ejemplo indonesio, peruano, ecuatoriano, hondureño, etc., pareciera ofrecer una respuesta negativa a esta interrogante. En otras palabras, sus procedimientos políticos y sus significaciones culturales viajan por senderos paralelos. Desde luego, el escenario público ofrece, circunstancialmente, espació para proveer visibilidad a los íconos que encarnan la llamada “identidad nacional”. En ocasiones estos símbolos contradicen lo que pretenden connotar. Ejemplos, el sombrero tejano de Zelaya y el uniforme de corte cubano de presidente Chávez. Definitivamente, estos gobernantes no practican la política que imaginan sus pueblos.

Antes de continuar, permítaseme una digresión teórica para auscultar el significado de estos dos conceptos. Veamos. Por cultura debemos entender las estructuras de significación en virtud de las cuales los hombres dan forma a su experiencia y, por política, el escenario en que se desenvuelven públicamente dichas estructuras. En este contexto, una crisis asume carácter orgánico cuando ambas dimensiones se relacionan en forma asimétrica. Vale decir, el espacio público se torna refractario a los apegos de carácter primordial que proporcionan sentido a la existencia de comunidades concretas.

La Venezuela contemporánea se aproxima a esta condición de estado manqué. No cabe la menor duda. Lo público se está achicando y el ámbito de la política desconoce en forma acentuada las diversas estructuras de significación que conforman nuestra diversidad como pueblo. La protesta del pueblo de Curiepe constituye una evidencia de la asimetría existente entre cultura y política en el país. Disociación reforzada por ese salto al vacío que promete la consigna “patria, socialismo o muerte”

Cabe aquí una reflexión en clave orteguiana: lo que es no se encuentra en la superficie de la conciencias ni en los usos del día, sino enterrado en las profundidades de los deseos y expectativas de los hombres. Descender a estas hondonadas es imprescindible para ir al encuentro de las claves culturales que proporcionan sentido a la lucha democrática.

Finalmente y para concluir esta breve digresión podríamos afirmar que las creencias (por supuesto entendemos este término en clave antropológica) suministran los contenidos sustantivos a ser defendidos por la dimensión política de la libertad. La ausencia de esta complementariedad explica la abstinencia institucional que, por un lado, profundiza nuestra crónica fragilidad democrática y, por el otro, propicia la cancelación de la política.
Apresuradamente nos acercamos a la condición de Estado Manqué

“La fotografía es subversiva cuando es pensante




El instante decisivo", así definía Henri Cartier-Bresson el momento exacto en el que se toma la foto, es decir, cuando "se alinea -en palabras suyas- la cabeza, el ojo y el corazón". Hoy nos toca presentar, en el marco del proyecto “Discurso plástico. Gramática y lógicas de arte sobre papel” a la reconocida crítica e investigadora Maria Teresa Boulton. De su mano, transitaremos a través de diversos “instantes decisivos” en el desarrollo teórico y práctico del discurso fotográfico en el país. Esta creadora posa su mirada en pensadores que han reflexionado sobre este tema y han abordado este discurso desde una perspectiva epistemológica y semiótica, como por ejemplo, Walter Benjamín (1892-1940), John Berger (1926), Susan Sontag (1933-2004), Roland Barthes (1915-1980), Craig Owens (1941-), entre otros.

No escapa de su atención el carácter hibrido de nuestras culturas y la impronta de este estado sobre el lenguaje fotográfico. Vale decir, la necesidad de crear desde la perspectiva del “otro” y, en consecuencia, dar cuenta de esta singularidad presente en la condición moderna en esta geografía. Podría afirmarse que esta circunstancia se expresa con fuerza en la articulación de la dimensión denotativa y connotativa del mensaje implícito en la imagen fotográfica. En este sentido, advierte que no es aconsejable soslayar esta experiencia cultural múltiple que masculla tradición y modernidad; razón y emoción. En fin, subrayamos nosotros, el latinoamericano es un relato sesgado por experiencias culturales e históricas hibridas.

Igualmente, esta investigadora nos describe los “instantes decisivos” en la historia de la fotografía en Venezuela. Su recorrido finaliza con una cita de Roland Barthes, muy apropiada para estos tiempos de revolución. Señalaba este intelectual francés que la fotografía es subversiva cuando es pensante. Y reflexionar es la invitación que nos extiende esta investigadora de arte fotográfico.


María Teresa Boulton es investigadora en el campo del arte y la fotografía graduada en la State University of New York (SUNY) y ha estado vinculada a la gerencia y promoción de las artes en varias instituciones nacionales. Directora de la galería La Fototeca y Presidenta del Consejo Venezolano de la Fotografía (1976-1980).

Como crítica e investigadora de la fotografía, ha sido columnista fija en el diario El Nacional y revistas nacionales. Ha publicado tres libros dedicados a la fotografía venezolana: Anotaciones de la fotografía contemporánea venezolana (Monte Ávila Editores 1990); 21 fotógrafas venezolanas (Ediciones La Laparañona 1993) y Pensar con la fotografía (Fundación editorial El perro y la rana 2006).

Ha dictado conferencias en Venezuela y el exterior del país. Fue directora General Sectorial de Cine, Fotografía y Video del Consejo Nacional de la Cultura (1994-2000), a partir de cuya dirección se creó la revista de fotografía Extra Cámara y el Centro de Fotografía CONAC. Ha sido tutora de varias tesis de pregrado sobre fotografía (UCV y UCAB). Desde 2002 preside la Junta Directiva de la Fundación John Boulton.

Creo que la invitación, siguiendo la recomendación de Henri Cartier Breson, es de alinear cabeza, ojo y corazón para disfrutar en plenitud esta conferencia de María Teresa Boulton
*Presentación del profesor Nelson Acosta Espinoza del foro conferencia desarrollado por María Teresa Boulton sobre “La fotografía en Venezuela, y su implicación en la construcción de nuestra modernidad”.